lunes, 12 de enero de 2009

Hoy he pensado que, a pesar de la cierta "indiferencia" de los últimos tiempos, si he estado o aguantado contigo es por todo el amor que tú me dabas. Era un amor tan fuerte que podía contra viento y marea: contra críticas familiares, contra horarios incompatibles, contra cargas y responsabilidades familiares, contra diferencias sociales y culturales... Otro amor se hubiera derrumbado mucho antes. Pero nosotros no. Nosotros estábamos ahí, al pie del cañón.
Recuerdo cuando, en la cama, te me quedabas mirando embelesado, cuando tu mirada traspasaba la mia, tu mirada llena de amor. Tus ojos intensos... tu cara preciosa y dulce. Y tu olor... ese olor que se me clavaba en lo más profundo, que se me quedaba metido en el tabique nasal y transmitía no sé que cosas en el cerebro -serán las feromonas xd-.
Y tú también aguantaste mucho. Porque yo procuro mejorar cada día como persona, pero eso es un proceso, y antes yo estaba muy verde. Y tú tenías más sentido común. Supongo que tampoco era fácil aguantarme.

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